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Storytelling: cómo vender más con una buena historia.

El storytelling es una de esas palabras en inglés que está de moda en los últimos tiempos.

Pero ¿sabes qué es exactamente?

Porque a priori parece algo como muy moderno y sofisticado pero si terminas de leer este post, te darás cuenta de que es algo que se viene haciendo desde el principio de los tiempos, desde la aparición del ser humano moderno.

 

 

El storytelling no es más que el arte de contar historias con el fin de que los receptores entiendan una enseñanza, reflexionen sobre un hecho o resuelvan un conflicto.

 

 

Sin embargo, en el caso del storytelling publicitario su función es promover los beneficios y valores de nuestro producto o servicio.

Y para lograrlo hay que conseguir transmitir todo tipo de emociones, mensajes y experiencias relacionados con el producto y su entorno.

Porque esa es la magia de una historia bien contada: evocar recuerdos, despertar sentimientos y crear la esperanza de mejorar.

¿Quién no se ha emocionado leyendo una buena novela de aventuras, amor, venganza o cualquiera de las multiples emociones que se pueden sentir con un buen relato?

Pues el storyteller, o contador de historias, tiene como misión precisamente eso, emocionar al lector a través de su narración. Y es igual si lo hacemos en formato escrito, de audio o de video.

En el caso del storytelling con fines comerciales, la idea es la misma, pero con algunas diferencias.

El storytelling publicitario busca que el potencial cliente se vea reflejado en la historia que le contamos. Que se sienta como el protagonista y/o empatice con ella.

Vamos a tratar desde el fondo un problema o una inquietud que tiene y que le angustia, de tal forma que a través de una presentación, desarrollo, nudo y desenlace encuentre una solución o una respuesta.

Y que lo viva de tal forma que pueda identificar sus emociones con las del protagonista de nuestra historia, despertando así su empátia y estimulando su imaginación.

 

Tu cliente debe intuir que vamos a desvelar una solución para ese problema, ya que esa es la razón principal para que sigua de principio a fin nuestro relato.

 

Siempre me gusta explicar que, bajo mi opinión, la publicidad hecha con ética tiene como fin desvelar una angustia o necesidad para ofrecer una solución.

Y lo que se busca de alguna manera es acelerar y provocar esa toma de decisión para que el comprador se decida por nuestra opción.

Por tanto, es imprescindible evitar el engaño y hacer creer que vamos a solucionar algo si no es verdad.

Las mentiras tienen las patas muy cortas, y en Internet es muy fácil detectarlo.

 

Storytelling: creando una buena historia que tenga gancho.

Como en casi todas las técnicas publicitarias para vender productos o servicios, hay una serie de gatillos que tenemos que ir disparando para activar el impulso de compra de nuestro potencial cliente.

 

Pero en el storytelling publicitario, además debemos tener en cuenta que es necesario acoplarlo en la estructura básica de una narración: presentación y desarrollo, nudo y revelación final.

 

Y además, en el caso de la comunicación por canales Online, todo esto hay que hacerlo en formato corto, ya que no es una película ni una novela, es un contenido comercial.

Salvo raras excepciones, el usuario no te va a dedicar más de 3-5 minutos.

De alguna manera, vamos a tratar de llevarlo de la mano con nuestra historia y conducirlo por un viaje emocional donde hurgaremos en sus sentimientos, reconoceremos su problema, duda o inquietud y la agitaremos, para posteriormente guiarlo hasta el final y acabar ofreciéndole una solución: nuestro producto o servicio.

 

 

Muy fácil de decir, pero no tan fácil de hacer.

 

Pasos para crear una buena historia

Lo primero y esencial es conocer perfectamente a nuestro cliente ideal. Y este es un paso que debe hacerse muy concienzudamente.

Porque si no sabemos que le preocupa, que le asusta y como se siente, si no sabemos que emoción debemos activar para que nos acabe comprando, el resto no va a tener ningún sentido ni empatizará con la historia.

Por tanto, tenemos que investigarlo a fondo.

Cómo vive, cómo piensa, que obstáculos tiene en su día a día, que le motiva y cuales son sus esperanzas.

Y sobre todo, no olvides que tienes que conseguir que confíe en ti.

A partir de ahí vamos a ver como comunicarnos con él o ella.

Una vez que lo tengamos bien situado, vamos a desarrollar una historia paralela en la que se sienta identificado, vamos a ambientarlo.

 

Nunca está de más leerte algunos cuentos, fábulas o ver videos de YouTube; hay mucho material de grandes marcas en donde tal vez puedas encóntrar inspiración.

¿Cómo activar las emociones del receptor de nuestra historia?

Como en toda comunicación publicitaria, lo primero que debemos tener en cuenta es que hay que atraer su atención.

Para ello, no hay nada mejor que un buen título.

 

 

 

Un título que despierte su curiosidad y que le haga pararse y querer recibir más información.

 

Podemos empezar con una buena pregunta, un texto con doble sentido o sugerir la posibilidad de encontrar la respuesta a una duda o de conocer un secreto.

 

Hay muchas formas de hacerlo y en próximos posts hablaré sobre ello.

Volviendo al tema.

La finalidad de un buen título no es más que ésta: captar su atención e invitarle a seguir leyendo, escuchando o viendo un video.

Posteriormente, vamos a centrar la historia: es la fase de presentación.

En ella, hay que situar de forma fácil y clara el entorno en el que se va a desarrollar la narración, el personaje o personajes que lo protagonizan y porque están en esa historia.

Debe ser un relato basado en algo real o imaginado, pero que haga referencia a su problema sin entrar en detalles de la solución.

Solo buscamos que entienda que hay algo que le interesa y que quiera seguir leyendo.

Hay que crear cierto misterio.

 

 

 

Una vez que tenemos bien situado al receptor y hemos dejado entrever lo que vamos a tratar, pasamos a la siguiente fase de la construcción de la historia.

Ahora llega el momento de ir sacando a flote el eje de la narración.

 

Vamos a tratar un problema, agitándolo y agrandándolo para que no pase desapercibido.

 

Hay que avivar su angustia por saber que pasará al final y generar el deseo de llegar hasta ahí para encontrar por fin el desenlace. Una solución que mitigue definitivamente esa desazón o intriga.

Por tanto, debemos crear una tensión para, posteriormente, presentar el agente de cambio y transformación que se revela y que lleva al protagonista hacia una solución.

Por supuesto que dependerá de nuestro producto cómo vamos a montar esta historia y el carácter que le vamos a dar a la narración; no siempre debe parecer dramático, también puede hacerse en tono de humor, paternal, aventurero, maestro-aprendiz, autodidáctico, etc.

Durante el tramo final ya debemos tener al receptor de la historia inmerso en ella, debe sentirse totalmente identificado.

 

 

 

Es muy importante entender que todo debe hacerse en un ambiente desarrollado para tal fin, ya que el arte del storytelling está precisamente en eso, en crear un entorno paralelo que se asemeje a una situación real o ficticia, pero fácilmente reconocible.

Y que no parezca exactamente un anuncio publicitario.

 

La revelación.

Por último, tenemos que presentar el desenlace de la historia con su consiguiente moraleja o solución.

Ahora que tenemos en el anzuelo su curiosidad y el deseo de resolver su problema, es la hora de tirar del sedal.

Presenta tu solución como una revelación, algo que está esperando conocer y que será lo que haga desaparecer su preocupación.

En el caso del storytelling publicitario, no te olvides nunca de incluir claramente tu marca al final de la narración.

Cuando haya terminado ese viaje emocional con final positivo, debes asociar tu imagen a ese momento placentero. Es importante, no lo olvides.

 

Resumen de los pasos a seguir:

1.investiga bien a tu potencial cliente.

2.Crea un buen título que atraiga su atención.

3.Presenta la historia y sus protagonistas y empieza el desarrollo de la historia.

4.Saca a flote, directa o indirectamente el problema que quieres solucionar.

5.Agita ese problema y agrándalo.

6.El protagonista encuentra algo que le hace superar la situación.

7.Una vez que se ha resuelto la historia, no te olvides de recalcar tu marca.

 

Recuerda que hay muchos sitios donde buscar inspiración: historias reales de éxito, cuentos y fabulas, videos de YouTube o tu propia historia bien contada.

Y sobre todo, es importante que tenga un final positivo. Nada de historias que acaben mal o regular, eso solo funciona para el cine y las novelas, no para vender.

 

Si has preparado todo bien de principio a fin, tu potencial cliente hará clic en tu botón de acción sin darse cuenta, ya que habrá encontrado lo que venía buscando y estará feliz.

 

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